Tuesday, August 23, 2005

EL HURACÁN NERUDA

EL HURACÁN NERUDA, PEDRO MIR, Santo Domingo, Fundación Educarte, 2004, 49 páginas.

Se publica una nueva edición del poema-libro El Huracán Neruda, de Pedro Mir. En buena hora, una obra dominicana que ya estaba agotada la primera edición de 1975, y también la segunda y la tercera, realizadas por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, en 1983 y 1999, respectivamente.
Un primer aspecto a comentar es el título de este libro. Compuesto por sólo tres palabras. Huracán es una palabra nativa, propiamente indiana, que designa a una realidad americana, típica del Nuevo Mundo. Un fenómeno cósmico, telúrico, que alude a la potencia de la naturaleza. En las cosmologías nativas, Huracán es una deidad poderosa. Una palabra usada y recogida por los primeros europeos en sus escritos, muestra de cómo la realidad americana ingresaba a la lengua española. Como diría Foucault, la cosa inaugurando el signo.
La otra palabra es Neruda, una palabra más reciente, pero también una palabra con historia. Bastaría con decir que la primera explicación para esta otra palabra, que no es española tampoco, es la que el propio Neruda declaraba, que se debía al poeta checo Ian Neruda. Sin embargo, parece que esta explicación la construyó Neruda con posterioridad a su uso nominativo.
Hoy día hay otras dos explicaciones a esta palabra, el nombre del mayor poeta chileno. Primero, que Neruda la habría tomado de una novela de Arthur Conan Doyle, donde aparece un personaje llamado Norman Neruda, y otra explicación más reciente que indica que en la segunda década del siglo pasado el nombre Neruda era conocido en el sur de Chile como el de un pianista intérprete de composiciones clásicas. Así lo ha probado la documentación encontrada al respecto.
El subtítulo es también algo que destacar: “Elegía con una canción desesperada”. Un subtítulo suele ser algo aclaratorio que explica lo que dice el título. En este caso, el subtítulo alude a la estructura genérica del poema, es decir, a las actitudes internas implicadas en el texto. Se trata, de una elegía, en primera instancia, es decir, una composición lírica en honor de alguien que ha desaparecido. La elegía pertenece a los géneros biográficos, y lamenta el desaparecimiento de alguien que ya no está.
Lo interesante es que la elegía aquí no sólo se referirá al desaparecimiento de Neruda, el hecho específico, sino que también apunta al desaparecimiento lamentable de la democracia chilena, el hecho general.
Pero el subtítulo apunta también a un género lírico específicamente nerudiano. Se trata de una “canción desesperada”. El poeta chileno creó este subgénero lírico en su juventud, a comienzos de los años 20, cuando publicó su segundo y más popular libro, Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Una canción desesperada es un poema de angustia existencial, debido a la soledad, a la ausencia de la amada, y a la situación degradada de la sociedad chilena. Implica una forma de expresividad en que la emoción se ha hecho pasión por lo que pasa dentro y fuera del poeta.
Un segundo aspecto a resaltar es que Pedro Mir escribió este poema-libro en 1975, y atento como era a los detalles lingüísticos, fijó en el texto mismo los días de corrección, con lo cual se establece el proceso de composición del poema, el 8 de septiembre y el 2 de noviembre, de 1975.
Este aspecto es importante porque fija la composición en tres etapas, una creativa, previa al 8 de septiembre de 1975, cuya fecha precisa no se establece, y dos etapas correctivas posteriores. Básicamente, el proceso de composición del poema acontece dos años después del golpe de estado en Chile, y también, dos años después de la muerte del poeta, ambos eventos acontecidos, como se sabe, en 1973.
Un tercer aspecto importante del poema-libro es su encabezamiento, donde se establece lo siguiente: “El estruendo bolívar sobre el volcán Bolívar”. Pablo Neruda. “Canto a Bolívar”. Estos dos versos de Neruda, que provienen del “Canto a Bolívar”, incluido en Canto general, son el punto de partida del poema de Pedro Mir. Como decimos, son el intertexto del poema de Mir, es decir, el texto 2 que se refiere a un texto 1 que le antecede en el tiempo. Aquí hay otro género implicado: el “canto”, ya no una canción. Un canto, en Neruda, es una alabanza, una composición admirativa hacia algo o alguien, y eso mismo es lo que realizará, hacia Neruda, el poema de Mir.
Aquí hay una evidente conexión entre Bolívar y Neruda, la cual es una característica del poema. Bolívar es visto como un volcán, es decir, como una fuerza telúrica, natural, de gran energía y potencia, alteradora. Un estruendo, como el del Huracán Neruda. Neruda y Bolívar son pues dos fuerzas, dos potencias, características del ser americano. Volcán Bolívar, una energía geológica, y Neruda, una energía atmosférica.
El poema de Pedro Mir se presenta, entonces, como un poema americanista, es decir, como un texto que se autofilia en la tradición nativa, vernacular del continente americano. Bolívar estableció una utopía incumplida para la América hispana: la superación de su insularidad y la necesaria integración. Lo mismo continuó Neruda, en Canto general, al proclamar su historia y geografía. Esta orientación americanista, microcósmica, tiene que ver con la historia y búsqueda de la identidad y la liberación del Nuevo Mundo, desde el Caribe hasta la plataforma continental americana.
El poema-libro de Pedro Mir será, después de todo esto, un canto a Neruda, el cual incluye una invocación al Padre, en diferentes momentos iniciales del poema. Ese Padre es Bolívar, quien es apelado por el poeta dominicano como la raíz que reconoce en el pasado, de la cual tanto Neruda como Mir son herederos. El padre Bolívar es una figura señera, epónima, al cual se le cuenta lo que ha acontecido, y es que la historia muestra que “todo ha muerto. Todo se ha dislocado”. La historia colectiva se ha trastornado, distorsionándose.
Por eso, no le queda al poeta dominicano otra alternativa que acudir al propio Neruda, su inspirador, tal como Bolívar, y cita, intertextualmente, al poeta chileno: “Quiero escribir los versos más tristes esta noche”. Eso que dijo Neruda en 1924 ahora es repetido por Mir en 1975. Allí, en este verso, se encuentran las dos palabras poéticas, enlazadas por sobre el tiempo y por sobre el espacio. Bajtín diría que este verso posee dos tonos, uno nerudiano y otro miriano.
Aquí entramos ahora en el comentario al poema mismo de Mir. Sorprenderá que en el texto del poema se escriba siempre “neruda”, con minúscula. Se dice, por ejemplo, “volcán neruda”, “caracol neruda”, “capitán neruda”. No es una falta ortográfica ni una falta de respeto. Al desaparecer la N mayúscula inicial, el nombre propio se ha convertido en un sustantivo común, en un adjetivo de las cosas. Eso es parte del homenaje de Mir a Neruda. Ahora Neruda es parte común del mundo americano y está en todas partes.
No hay que dejar pasar un elemento central del poema, que puede olvidarse. Y es que tenemos aquí una situación muy peculiar. Se trata de un poeta hablando de otro poeta, una variación personal del tema de la poesía que se escribe acerca de la poesía misma. Este tópico es de gran importancia en la historia de la literatura universal y llamamos a este fenómeno “intertextualidad”, cuando un texto posterior (el de Mir) se refiere a uno anterior (el de Neruda). Un homenaje de un poeta que reconoce la vida y obra de otro poeta.
En las primeras estrofas versiculares del poema comienza a aparecer Neruda en todas partes. En lo grande y en lo pequeño, en lo interno y en lo externo, en lo humano y en lo cósmico, en la historia y la geografía. Y lo que cuenta el poeta dominicano es una narración, tal como lo hace el poeta Neruda en Canto general. Por eso dice: “La historia es muy sencilla”.
A continuación, viene en el poema la sección americanista donde se mencionan diferentes países de América Latina y del Caribe; se trata de una polifonía de voces, de distintas culturas en proceso de conformación. Así, se llega a Chile, a Allende, a la culminación de todas las tradiciones, a lo universal de la experiencia liberadora del Presidente Allende. Dice Mir: “Dicen que Salvador Allende era de color de rosa”. Veremos que es lo que pasó después, como cambió ese color, cómo siguió la historia, Padre Bolívar. Desde entonces, se puede escuchar en Chile, y en otros lugares, una canción desesperada.
Luego, emergen en el poema otras historias, que se intercalan y cortan la historia central, donde se combina lo particular- individual y lo social-colectivo. Se amplia así el proceso épico que se viene narrando, una especie de tragedia americana que se repite de cuando en cuando en toda América y en todo el mundo en verdad: La detención del proceso humanizador y liberador de la humanidad. La historia que se cuenta es una canción desesperada. Es una historia no sólo acontecida en Chile y en República Dominicana, sino también es una historia universal, como dice Mir: “turquestana y hebrea, húngara y moscovita”.
Esta historia es contada como Neruda poetizó la tragedia de España, cuando el franquismo amputó la democracia, en 1936, con la Guerra Civil Española. Es decir, es vista como en el poema “Explico algunas cosas”, de Pablo Neruda, donde el poeta, horrorizado, invita: “Venid a ver la sangre por las calles”. Es la tragedia del golpe de estado en Chile. Sólo llevaba dos años cuando Mir escribió este poema, y por eso se dice: “nunca la rosa fue tan roja como en Santiago entonces”. Y agrega: “Más colorada y bermellón que nunca”.
Es la sangre derramada pero también es la respuesta libertaria a la muerte que imperaba. Pero agrega el poeta dominicano: “Y de repente el huracán neruda del vortice neruda se levanta”. Hay un cambio, “para todo sistema planetario y universo cósmico”. Comienza un pregón, donde nuevamente se invoca al Padre, “capitán del pueblo”, quien junto a Neruda, retorna, y se inaugura, otra vez, como en Canto general, una aurora, una solidaridad, una historia de la esperanza.
Se trata del ciclo que se inicia de resistencia, de superación de la dictadura. Vuelve Bolívar, vuelve Neruda, vuelve la búsqueda de la construcción de la libertad. Con alusiones bíblicas, con potencia auroral, con la fuerza de un huracán, todo comienza a alterarse. La historia vuelve con su eterna moraleja. El poeta se levanta de su tumba prestada y su palabra vuelve a brillar, con la luz de la libertad.
“Y esto es todo”. Va concluyendo el poema. En el se unen el surrealismo de algunas imágenes y la denuncia social de otras. Pero sobre todo, emerge lo visionario, la certeza de la presencia de los héroes, la omnipresencia de otros poetas, que relevan a Neruda y toman la palabra de Bolívar y re-emprenden la lucha.
Aquí, en la sección final, el poema se hace profecía. Vendrán otros poemas de amor, otras luchas, otros comienzos. Pero la semilla dialéctica ya está plantada. Bolívar puede descansar. Neruda puede descansar ahora en paz. Termina la proclama, como un documento de sangre, que se sella y confirma en “esta época muda por los años de gracia y desgracia de mil novecientos neruda”.
El final, simplemente, dice que este fue el tiempo de Neruda. Que Neruda se adueñó del siglo XX. Que el poeta chileno marcó una época. Y que desde ese horizonte, con sus altibajos, puede comenzar a mirarse de una nueva manera la historia. Bajo el signo de Bolívar, con la inspiración de Neruda, América y el Caribe están prontos a renacer.

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