Tuesday, August 23, 2005

ALGUNOS TEMAS Y PROBLEMAS DE LA LITERATURA CHILENA

ALGUNOS TEMAS Y PROBLEMAS DE LA LITERATURA CHILENA

En esta visión compacta de la literatura chilena actual, se ordenarán algunos de los temas y problemas en tres áreas: referentes a la literatura chilena en su conjunto, pertinentes preferentemente a la poesía chilena y referidos mayormente a la narrativa chilena.

Literatura chilena en su conjunto
Un primer problema tiene que ver con la periodización de la historia de la literatura chilena. La propuesta de organización más tradicional es mediante las generaciones. Aquí hay un esquema informal (generaciones del 38, del 50, etc.) y uno más formal (generaciones superrealista, neorrealista, irrealista, los novísimos, etc.). En Chile, se ha querido hacer una historia a partir de los análisis textualistas sincrónicos basados en el hablante y el narrador interno, llevándolos hacia lo diacrónica. Esa fue parte del fracaso de la utopía estructuralista. Hay algunos trabajos sectoriales en la ordenación de la historia de la poesía (los 3 tomos de la Antología de la poesía chilena, de Naín Nómez) y la novela del siglo XX chileno. Falta un marco histórico global apropiado. Y no hay acuerdo en las denominaciones a utilizar.
Un segundo problema tiene que ver con las tendencias que se perciben a lo largo de la historia de la literatura chilena del siglo XX. No hay acuerdo en las nociones ni en la terminología. Suele confundirse el naturalismo con el realismo, en la narrativa y lo vanguardista con lo experimental, en la poesía. La limitación aquí parte, al igual que en el punto anterior, de la escasa teorización acerca de la historia literaria. Se carece de un instrumental teórico para organizar la historia literaria nacional. Los análisis textualistas de obras aisladas no lograron constituirse como una historia orgánica de la literatura chilena. Para construir una historia de la literatura chilena hay que basarse en dos criterios, articulándolos: La periodización intraliteraria y la periodización extraliteraria.
Un tercer tema que emerge en la historia literaria chilena es el desfase entre la historia de la poesía chilena y la narrativa chilena. Como en casi toda la región, la poesía, en la segunda década del siglo XX, se expresó a través de una vanguardia. Es decir, la vanguardia poética chilena se adelantó a la narrativa chilena, la cual estaba lastrada por el peso del naturalismo. El vanguardismo narrativo, o más específicamente novelesco, vino a acontecer casi simultáneamente con el boom de la novela latinoamericana, que se inicia a fines de los 50 y comienzos de los 60. La actualización crítica de la sensibilidad lírica precede pues a la sensibilidad narrativa, por unas cuatro décadas.
Otro problema es la caracterización de vanguardista para un género literario que, en este caso, tiene que ver con la oposición y superación del esquema moderno literario. A partir del boom de la novela hispanoamericana, la novela chilena acelera su ritmo de desarrollo, mientras que, paradojalmente, la poesía entra en una fase de cambios más lentos, donde aún se mantiene como vigente el esquema moderno. Esto suele apreciarse en la producción poética de las promociones poéticas chilenas más jóvenes.
Otro gran tema es la influencia del intertexto histórico en la literatura chilena, un aspecto que, sin una perspectiva determinista, es muy influyente en la literatura chilena, tal como se evidencia en la poesía, la narrativa y el teatro chilenos. Sin embargo, esto no convierte a la literatura chilena en una literatura realista.

LA POESIA CHILENA
Curiosamente, la producción de poesía en Chile es amplia y diseminada, mientras que el consumo de poesía es minoritario. La poesía chilena es un fenómeno de elite, parte de un circuito universitario, de tipo profesional. Pero también hay un circuito informal de poesía local, ciudadana, urbana, que no alcanza premios, concurso o subvenciones.
Desde mediados de siglo en adelante, la poesía chilena proviene de circuitos de alta cultura, vinculada a casas de estudios superiores. Durante el período del regimen militar, cuando la sociedad civil fue reducida y el espacio público constreñido, se manifestó una poesía local, popular, poblacional, juvenil, alternativa, no vinculada a las universidades. Sin embargo, con el retorno de la sociedad política como eje central, a partir de 1990, las organizaciones sociales y comunitarias perdieron peso y vigencia, y consecuentemente, declinaron los procesos de autoformación social.
Hoy día, se sabe poco acerca de la poesía local, caracterizada por circuitos estrechos, informales, con producciones de trípticos y volantes de poesía, donde la consecución máxima es la autopublicación de tipo artesanal, sin canales de distribución. La autopublicación, en cambio, es un punto inicial importante de la poesía universitaria, que se apoya en un conglomerado de talleres literarios, dado que las universidades, especialmente las tradicionales, por exceso de academicismo, han declinado incorporar carreras de escritura creativa, las cuales están siendo asumidas, gradualmente, por las universidades privadas, más atentas a la demanda y comandadas por el objetivo del lucro. Esto tiene que verse en el marco desregulado de la educación superior chilena, donde ahora se incrementan las carreras de literatura de pregrado, con dudosos criterios de calidad académica, y también aumentan los títulos de postgrado (magíster y doctorados).
En lo que se refiere a la historia literaria entendida como la irrupción de nuevos paradigmas, lo mejor sería pensar la poesía chilena a partir de una primera vanguardia que irrumpe en la segunda década, mientras que a mediados de siglo, en la década del 50, ingresa una segunda vanguardia. No queda históricamente clara la conformación de una tercera vanguardia posterior.
El discurso de la poesía chilena es altamente heterogéneo. Contiene melancolía, ironía, ternura, intertextualidad, humor, profecía, desencanto, naturaleza, irreverencia, obsesiones, orfandad. Es difícil ordenar las diferentes tendencias, pero un intento globalizador debería incluir poesía neovanguardista (Martínez, Lira), poesía étnica (Lienlaf, Chihualif y la poesía huilliche), poesía de mujer (Calderón, Zondek, Brito), antipoesía (Maquieira, Redolés), poesía testimonial, poesía conceptual, poesía narrativa, poesía lárica, poesía epigramática o tipo haiku, poesía religiosa (Zurita) y poesía de minorías sexuales.

LA NARRATIVA CHILENA
La narrativa chilena del segundo tercio del siglo XX se vio más afectada que la poesía por la constitución de un corpus definido como literatura chilena en el exilio. Desde 1973 en adelante, la literatura chilena se escindió en literatura chilena en el interior y literatura chilena en el exilio. Los narradores chilenos accedieron a diversas culturas, lenguajes, estéticas y escrituras de diferente tipo, procediéndose a un proceso de interculturalidad tremendamente intenso. La narrativa del interior fue psicologista, simbólica, interiorista, pasatista, experimental, de microespacios y procesos degradatorios; anti-épica, en una palabra. Aún no está adecuadamente evaluado este proceso de interrelación entre estos dos corpus y su resonancia posterior.
Aunque la narrativa chilena del exterior fue considerablemente más política, se ha advertido poco la importación a Chile, desde 1990 en adelante, de un modelo de escritura narrativo propio de los países capitalistas desarrollados, y característico de la industria cultural: la escritura de bestsellers. Muy vinculada con la experiencia editorial española, la narrativa chilena, a través del modelo Planeta, por ejemplo, ha difundido esquemas literarios que se muestran en las obras de Serrano, Allende y Sepúlveda, por ejemplo. Por otro lado, otros novelistas, como Manns, Dorfman, Bolaño y Lavín Cerda, entre otros, han conformado un polo diferente, crítico a la literatura de mercado y a las fórmulas de éxito internacional promovidas por las editoriales transnacionales.
El esquema que se trata de imponer es la internacionalización de un aspecto del modelo neoliberal, que va desde las novelas por encargo hasta la reiteración de las fórmulas de éxito (de la misma manera de Hollywood planea sus producciones), dirigida a una clase media despolitizada y que se basa en una cierta concepción del escritor profesional, donde la novela es vista como un producto comercial más. Es el crecimiento de la literatura de masas como eje de referencias, tal como se aprecia en las reseñas periodísticas o suplementos literarios, en los escasos programas de televisión que se refieren a la literatura y a las ferias del libro.
Frente a este panorama, que debería ser central para las políticas de subvenciones, premios y distinciones de parte del aparato del estado, se percibe una tremenda carencia. Las políticas culturales están más relacionadas con el libro que con la literatura; tienen que ver más con las empresas que con los escritores. En Chile, donde no hay una industria del libro, las escasas políticas culturales chilenas son políticas de administración y económicas, ni siquiera son de gestión cultural. Así, sociólogos, economistas, educadores, periodistas y administradores son los que dirigen y controlan, con criterios de eficiencia y eficacia (sólo parcialmente exitosas), las políticas culturales a todo nivel (nacional, regional, municipal).
Una gran limitación de estas políticas culturales, como su nombre lo dice, es que son culturales y no artísticas. Por desviación sociológica, el arte en Chile es visto como cultura y no como creación. Consecuentemente, la literatura no es vista como arte sino como parte de la cultura (al igual que el deporte de masas o la religión). Esto es patente en las políticas de desarrollo cultural y en la comprensión jurídica de la cultura y del arte y en su no comprensión como parte de las manifestaciones críticas, autónomas, estéticas, discursivas, sémicas e imaginativas de los chilenos.
De la experiencia chilena del quiebre de la institucionalidad a partir del golpe de estado de 1973, se generaron e incrementaron otros discursos no ficticios que tenían también un carácter literario. Durante el regimen militar sólo fuera de Chile se publicaron libros de testimonio, que explicitaban las condiciones de abuso y atropello de los derechos humanos en los innumerables centros de detención y tortura manejados por los militares.
Posteriormente, con la apertura cultural, que superada la censura y la autocensura, se comenzaron a publicar y estudiar cartas, diarios, testimonios y crónicas. Todos estos discursos, de tipo mimético, documental y referencial son también escrituras narrativas que utilizan los mismos dispositivos de ficción que las obras literarias. El carácter de lo literario y de la definición de lo que es imaginario ha cambiado drásticamente.
También es un tema complejo la situación del realismo en la literatura chilena, ya que el neorrealismo de los años 50, que se suponía renovaba e impulsaba al realismo, terminó aportando elementos irrealistas sustanciales. En este marco queda por estudiar en la literatura chilena la presencia de sus discursos sociales, desde el angurrientismo hasta la literatura de concientización de los años 70, pasando por la narrativa anarquista de Manuel Rojas, y lo que ha pasado en la narrativa chilena con la literatura fantástica, que irrumpe en los años 30 (Emar, Parra), reaparece en los 60, y que se visualiza hoy como un proyecto discontinuado posteriormente.
La narrativa en Chile puede ordenarse, provisoria y parcialmente, con un esquema heterogéneo, en narrativa histórica (Guzmán, Blanco, Gil), narrativa de denuncia (Coloane, Droguett, Montero), narrativa de mercado, narrativa fantástica (Donoso, Manns), narrativa experimental (Eltit), narrativa de mujer y narrativa policial (Díaz Eterovic).
En síntesis, estos son algunas de las problematizaciones iniciales acerca de la literatura chilena actual que emergen para el analista que no se interesa simplemente en ver poemas o novelas, ni sólo autores, sino que pone atención a los movimientos, rasgos, cualidades del conjunto del sistema literario chileno, un sistema por cierto altamente inestable.

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